José Arroyo, nacido en Cartagena en 1924, había perdido a su padre cuando sólo contaba doce años de edad. Él, que era el menor de cuatro hermanos, tuvo que padecer en su niñez y adolescencia las penurias de la Guerra Civil.  Fueron años de pobreza y miseria en los que no tuvo ninguna oportunidad para estudiar más allá de algunos cursos elementales. En lugar de eso se puso a trabajar en la misma fábrica de fundición de cristal donde había trabajado su padre durante toda su vida.
Las visicitudes de la vida habían hecho despertar en José el deseo de conocer la respuesta a las preguntas que le habían intrigado desde siempre y que giraban en torno a la razón de nuestra existencia.
La falta de libertad que siguió a la Guerra Civil limitó la búsqueda de José, mientras él se resistía  a creer queno hubiese una respuesta a sus preguntas, achacando ese vacío a la censura y los impedimentos de la época. Esas misma barreras fueron, paradójicamente, la causa de que naciera en él un sentido universal de las cosas.
Estas ideas universalistas pervivieron durante años con él. aunque en esa época era remiso a hablar de ellas. De allí que cuando su compañero de trabajo, Manuel, le hablara del esperanto, fuera como si encontrara por fin algo que hacía tiempo estaba buscando: un medio para poder comunicarse con gente de otros países.
En el intercambio de correspondencia con la señora Roan Orloff, una americana esperantista, José conoce los principios  baha’ís. El 1 de enero de 1955, José Arroyo entra a formar parte de la comunidad baha’í siendo el primer miembro de Cartagena.”

Brisa en el Amanecer (Navid Mohabbat)

Nos reunimos en su casa en julio de 2019 y este es un extracto de esa conversación afable que mantuvimos con él.

José Arroyo, como él comenta, asciende al Reino de Abhá, el 6 de diciembre de 2020.

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